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Islandia en marzo: seis días persiguiendo auroras entre nieve, viento y volcanes
Blog 11 Sep 2026

Islandia en marzo: seis días persiguiendo auroras entre nieve, viento y volcanes

Nos fuimos seis días a recorrer Islandia en pleno marzo con un niño pequeño, un Dacia Duster y una misión bastante sencilla sobre el papel: ver una aurora boreal. Lo de sencilla duró aproximadamente hasta que aterrizamos.

La misión: cazar una aurora antes de volver a Barcelona

Marzo tiene algo de última llamada en Islandia. El invierno todavía no se ha marchado, sigue habiendo suficientes horas de oscuridad y aún existe la posibilidad de ver auroras boreales antes de que los días empiecen a ganarle definitivamente la batalla a las noches. Así que nuestra misión principal estaba bastante clara: No podíamos volver de Islandia sin ver una aurora boreal. O al menos eso pensábamos. Viajamos del 17 al 23 de marzo, justo después de una semana de grandes nevadas en prácticamente toda la isla. Y lo que encontramos al aterrizar fue exactamente la Islandia que teníamos en la cabeza: montañas blancas, carreteras rodeadas de nieve y paisajes que parecían haberse quedado congelados unos minutos antes de nuestra llegada. Éramos tres. David, Nadia y Germán. Y Germán todavía no tenía ni dos años. ¿Qué podía salir mal?

El camino se abre frente a nosotros, tan vacío como el cielo.
El camino se abre frente a nosotros, tan vacío como el cielo.

Día 1 — Barcelona, un Dacia Duster y nuestro primer fiordo

Salimos del aeropuerto de Barcelona a las 11:50 de la mañana con Icelandair y aterrizamos en Islandia alrededor de las 15:30, hora local. Recogimos las maletas y esperamos la shuttle van que nos llevó hasta las oficinas de Lava Car Rental, donde nos esperaba el coche que sería prácticamente nuestra segunda casa durante los siguientes días: un Dacia Duster. Maletas dentro. Germán colocado. Y primera parada estratégica del viaje: Bónus. Porque si hay algo que conviene aprender pronto en Islandia es que el supermercado también forma parte de la planificación del viaje. Nosotros habíamos facturado parte de nuestra propia comida desde Barcelona para preparar cenas y bocadillos durante la ruta, así que únicamente necesitábamos completar provisiones. Desde allí cruzamos Reykjavík y pusimos rumbo norte hacia nuestro primer alojamiento, situado frente al fiordo de Hvalfjörður. Y allí empezó oficialmente la misión. El hotel tenía unas vistas espectaculares sobre el fiordo y, al llegar, nos dijeron exactamente lo que queríamos escuchar: —Este es un sitio muy bueno para ver auroras. Nos recomendaron consultar cada noche la previsión de la Icelandic Meteorological Office, que acabaría convirtiéndose prácticamente en una pestaña permanente en nuestros móviles. Los mapas muestran las zonas cubiertas por nubes, las zonas despejadas y la previsión de actividad auroral. Así empezó nuestra rutina nocturna durante todo el viaje. Mirar el cielo. Mirar el mapa. Volver a mirar el cielo. La primera noche no hubo ni siquiera debate. Empezó a nevar. Auroras 0 — Islandia 1.

Día 2 — Nieve, focas y la montaña de Juego de Tronos

Desayunamos en el hotel y pusimos rumbo hacia la península de Snæfellsnes. La primera parada fue Borgarnes, un pequeño pueblo costero donde aprovechamos para caminar un poco antes de continuar hacia el norte. Pero había una parada bastante más importante. Germán tenía que conocer la nieve. Nos desviamos de la ruta, encontramos una zona segura y nos bajamos los tres. Había puntos donde se acumulaba fácilmente medio metro de nieve y, al mismo tiempo, hacía un día completamente despejado. Así que una de las misiones secundarias quedó completada bastante pronto: Misión secundaria: presentar oficialmente la nieve a Germán. Aprobada. Y con bastante entusiasmo. Seguimos después hasta Gerðuberg, una enorme pared de columnas de basalto que aparece en mitad del paisaje como si alguien hubiera construido allí una muralla. Islandia empezaba a enseñarnos una de sus especialidades: conducir tranquilamente durante kilómetros y encontrarte de repente con algo que parece no pertenecer al planeta Tierra. Continuamos por la península, paramos a ver caballos islandeses junto a la carretera y llegamos a Ytri Tunga. Arena, costa, frío y otra misión secundaria: encontrar focas. Y esta vez sí tuvimos suerte. Aparcamos, comimos allí y caminamos hasta la playa, donde conseguimos verlas descansando junto a la costa. Los aparcamientos turísticos de Islandia, por cierto, tienen su propia lógica. En muchos no hay barreras: unas cámaras leen la matrícula al entrar y eres tú quien debe acordarse de pagar. Irte pensando que el aparcamiento era gratuito puede acabar convirtiéndose en un recuerdo bastante más caro de lo previsto. Mientras estábamos en Ytri Tunga, el tiempo empezó a cambiar. Y aprenderíamos rápido que en Islandia decir que “el tiempo empeoró” tampoco significa demasiado. Puede volver a mejorar quince minutos después. Seguimos bordeando Snæfellsnes por la ruta larga hasta llegar a uno de los lugares más reconocibles de la isla: Kirkjufell. La famosa montaña asociada a Juego de Tronos estaba completamente rodeada de nieve. Y si normalmente ya tiene una silueta extraña, verla en mitad de aquel paisaje blanco hacía que pareciera directamente un escenario construido para una película. Terminamos el día en Stykkishólmur, donde pasaríamos la segunda noche. Por la tarde volvió a nevar. Segunda noche. Segunda oportunidad perdida.

Día 3 — Cráteres, naufragios y rumbo al sur

A la mañana siguiente empezaba uno de los días más largos del viaje. Teníamos que abandonar el norte y desplazarnos hacia el sur de Islandia. A la altura de Reykjavík nos desviamos de la Ruta 1 por la carretera 408 para conocer Rauðhólar, una zona de antiguos pseudocráteres volcánicos que aparece prácticamente a las puertas de la capital. Era solo una parada de camino, pero Islandia tiene ese problema: prácticamente cualquier desvío puede acabar convirtiéndose en una excursión. Desde allí seguimos hacia la península de Reykjanes y pusimos rumbo a Grindavík. Muy cerca del pueblo nos desviamos hacia Hópsnes y Þórkötlustaðanes. La zona está formada por antiguas coladas de lava y conserva varios restos relacionados con la historia pesquera de esta parte de Islandia. Siguiendo la pequeña carretera que recorre la península se pueden encontrar restos de barcos naufragados en la costa durante el siglo XX, algunos acompañados por paneles que explican su historia. Una especie de cementerio improvisado de barcos frente al Atlántico. No era uno de los grandes lugares que llevábamos marcados en el mapa. Precisamente por eso nos gustó. Después continuamos bordeando la costa por la carretera 427. Nuestro destino final era Eyrarbakki, un pequeño y tranquilo pueblo costero donde pasaríamos la tercera noche. Y aquella noche aparecía una nueva esperanza. La previsión indicaba una posible ventana para ver auroras entre las 23:00 y las 00:00. Cenamos. Germán cayó rendido después del día de carretera. Y David salió con el coche para buscar algún lugar oscuro desde el que intentarlo. Nada. Otra noche sin auroras. Auroras 0 — Islandia 3. La misión empezaba a ponerse interesante.

El cráter de Kerið, con su lago parcialmente helado.
El cráter de Kerið, con su lago parcialmente helado.

Día 4 — Cuando descubres lo que significa realmente “hace viento”

Por la mañana fuimos hasta el paseo marítimo de Eyrarbakki. Había unas escaleras. Parecían unas simples escaleras. Hasta que intentamos subirlas. El viento soplaba con tanta fuerza que había que agarrarse para avanzar. Y este fue probablemente uno de los grandes aprendizajes del viaje: el frío islandés importa, pero el viento manda. Volvimos al coche y condujimos hasta Selfoss, donde hicimos otra parada en el supermercado antes de dirigirnos hacia el norte. Nuestro siguiente objetivo era Kerið, un cráter volcánico con un lago en su interior. Cuando llegamos, el viento ya había decidido que aquello tampoco iba a ser un paseo tranquilo. Nos turnamos para acercarnos. El agua del cráter estaba helada y el paisaje era espectacular, pero existen senderos que permiten rodear el borde y bajar hacia el lago y, con aquellas condiciones, preferimos no hacerlos. Viajar con un niño pequeño te da una habilidad bastante útil: saber cuándo una foto merece la pena y cuándo simplemente hay que volver al coche. Desde allí tomamos de nuevo rumbo hacia el sur. Nuestra siguiente parada estaría en la zona de una de las cascadas más famosas de Islandia.

Gljúfrabúi y el avión que casi nadie visita

Paramos en Gljúfrabúi, muy cerca de Seljalandsfoss. Pero desde allí hicimos otro pequeño desvío buscando algo completamente diferente. Un avión. En Islandia existe un avión abandonado famosísimo: el de Sólheimasandur. El problema es que para llegar hasta él hay que dejar el coche junto a la Ruta 1 y recorrer varios kilómetros por una enorme llanura o utilizar el shuttle que conecta el aparcamiento con los restos. Nosotros elegimos al hermano menos famoso. El DC-3 de Eyvindarholt. Mucho menos conocido, bastante más accesible y perfecto para nuestra ruta. Se encuentra muy cerca de la zona de Seljalandsfoss y prácticamente puedes aparcar junto al lugar, evitando la larga caminata necesaria para visitar el otro avión. Así que nació otra misión secundaria: encontrar un avión abandonado en Islandia. Aparcamos y caminamos hasta los restos. Pero aquel día el frío era tan intenso que las manos empezaban a doler pocos minutos después de sacarlas de los guantes. Así que volvimos al sistema que repetiríamos varias veces durante el viaje. Uno sale. El otro se queda con Germán dentro del coche. Cambio de turno. Fotos. Y seguimos. Misión secundaria completada.

Dyrhólaey, Vík y una playa negra bajo la tormenta Después de comer continuamos hacia el este.

Después de comer continuamos hacia el este. Y el clima empeoró rápidamente. Empezó a llover con intensidad justo cuando llegábamos a Dyrhólaey, así que nuestra visita al acantilado fue bastante más corta de lo previsto. Subimos hasta cierta altura antes de entrar en el aparcamiento y después continuamos recorriendo la costa hasta acercarnos a Reynisfjara. Más tarde llegamos a Vík, donde paramos junto a la iglesia. Es uno de esos lugares desde los que prácticamente basta con apuntar una cámara en cualquier dirección. Montañas. Casas. Océano. Nieve. Y un viento tan fuerte que se notaba cómo se movía el coche. En cuestión de minutos podía empezar a nevar y parar como si nada hubiera ocurrido. Descendimos después hasta Víkurfjara Black Sand Beach, desde donde se ven las dramáticas paredes negras de la costa y las enormes formaciones rocosas emergiendo del océano. Y entonces nos dirigimos hacia el alojamiento que habíamos reservado pensando precisamente en nuestra misión principal. Una cabaña aislada. Poca contaminación lumínica. Oscuridad absoluta. El sitio perfecto para ver auroras. En teoría.

Reynisfjara, la playa de arena negra bajo la tormenta.
Reynisfjara, la playa de arena negra bajo la tormenta.

El error del viaje

Aquella cabaña fue probablemente nuestra peor decisión en Islandia. Durante la noche el tiempo empeoró muchísimo. Nevó. Sopló un viento brutal. Y la calefacción no era suficiente. Acabamos durmiendo tapados incluso con nuestras propias chaquetas. Con Germán allí entendimos rápidamente que habíamos cometido un error. La idea de una cabaña aislada en mitad de Islandia sonaba fantástica cuando la reservamos desde Barcelona. Con frío dentro de la habitación, bastante menos. Y evidentemente tampoco vimos auroras. Al despertar había cerca de medio metro de nieve alrededor. Auroras 0 — Islandia 4.

Conduciendo entre la nieve y el viento.
Conduciendo entre la nieve y el viento.

Día 5 — Geysir y Gullfoss bajo la nieve

Salimos de la cabaña y comenzamos a recorrer parte del Golden Circle. Primera gran parada: Geysir. Después: Gullfoss. Y la nevada que caía aquel día transformaba completamente ambos lugares. Gullfoss ya impresiona por el tamaño y la fuerza del agua. Verla rodeada de blanco y bajo una intensa nevada era otra cosa. Por la tarde llegamos a nuestro siguiente alojamiento. Y después de la experiencia de la noche anterior, aquello parecía un palacio. Era una antigua escuela reconvertida en hotel, situada junto a un gran lago. Dentro había biblioteca, zonas comunes y escaleras. Muchas escaleras. Así que para Germán aquello se convirtió rápidamente en otro parque de atracciones. Subir. Bajar. Volver a subir. Salir a jugar con la nieve. Y repetir.

Caballos islandeses a la espera del próximo viajero.
Caballos islandeses a la espera del próximo viajero.

Día 6 — Caminando entre dos continentes

A la mañana siguiente hicimos una parada durante la ruta para volar el dron. Con Islandia cubierta de nieve, las imágenes desde arriba parecían directamente de otro planeta. Después continuamos hasta el Parque Nacional de Þingvellir. Islandia se encuentra sobre la dorsal mesoatlántica y en Þingvellir puede apreciarse especialmente bien el enorme sistema de fracturas provocado por la separación entre las placas Norteamericana y Euroasiática. Nosotros recorrimos la zona de Langistígur y Stekkjargjá, dentro del sistema de fisuras asociado a Almannagjá. Caminamos entre las paredes de roca, hicimos varias rutas y subimos hasta diferentes miradores. Aquí conviene hacer una pequeña aclaración. No existe una línea pintada en el suelo con América a un lado y Europa al otro. La realidad geológica es bastante más compleja. Pero pocos lugares permiten visualizar de forma tan espectacular que el terreno bajo tus pies forma parte de una enorme zona de separación entre dos placas tectónicas. Así que mantenemos la licencia viajera: Misión secundaria: caminar entre dos continentes. Completada.

Una iglesia solitaria bajo el cielo gris.
Una iglesia solitaria bajo el cielo gris.

Reykjavík con un niño de menos de dos años

Después de casi una semana dando vueltas alrededor de Reykjavík, finalmente tocaba entrar de verdad en la capital. Nuestra primera parada importante no fue una iglesia. Ni un museo. Ni un monumento. Fue un parque. Había un pequeño riachuelo. Y había patos. Para Germán, suficiente. Mientras nosotros llevábamos varios días emocionándonos con volcanes, cascadas, montañas y playas negras, él pasó buena parte de la tarde persiguiendo patos y palomas por Reykjavík. Después caminamos entre la nieve y recorrimos en coche algunos de los lugares más conocidos de la capital. Pero aquella noche todavía quedaba algo pendiente. Nuestra última oportunidad.

Gullfoss, la gran cascada, con la nieve cayendo.
Gullfoss, la gran cascada, con la nieve cayendo.

Última noche. Último intento

Consultamos otra vez los mapas meteorológicos. Nos abrigamos. Cogimos provisiones. Cenamos. Subimos al coche. Y Germán terminó durmiéndose mientras abandonábamos Reykjavík por la Ruta 1. Nos alejamos de la contaminación lumínica hasta encontrar un desvío en mitad de la nada. Paramos. Apagamos las luces. Y esperamos. Miramos el cielo. Esperamos un poco más. Eran las 22:30. Nada. Nuestra última oportunidad acababa de desaparecer. Después de seis días recorriendo Islandia buscando ventanas entre nubes, consultando mapas meteorológicos y metiéndonos por carreteras oscuras, no habíamos conseguido ver una aurora boreal. Resultado de la misión principal: FALLIDA. Y está bien. Porque viajar también consiste en eso. No todo sale. No todo aparece cuando quieres. Y probablemente esa sea una buena razón para volver.

Caminando por las calles nevadas de Reykjavík.
Caminando por las calles nevadas de Reykjavík.

La última nevada

Dormimos nuestra última noche en Reykjavík. A las 5:30 de la mañana volvió a sonar el despertador. Cargamos las maletas por última vez y condujimos hasta las instalaciones de Lava Car Rental, junto al aeropuerto, para devolver nuestro Dacia Duster. Nuestro vuelo salía a las 8:30. Y mientras abandonábamos Islandia, volvió a nevar. Era casi como si la isla quisiera despedirse de la misma forma en la que nos había recibido. Seis días. Cientos de kilómetros. Fiordos, volcanes, cascadas, playas negras, focas, caballos, nieve, viento, naufragios y un avión abandonado. Pero ni una sola aurora. Tendremos que volver.

De noche, solo unas luces rojas rompen la oscuridad.
De noche, solo unas luces rojas rompen la oscuridad.

Resultado de las misiones

MISIÓN PRINCIPAL — Cazar una aurora boreal ❌ Fallida. MISIÓN SECUNDARIA — Que Germán conociera la nieve ✅ Completada. MISIÓN SECUNDARIA — Encontrar focas en libertad ✅ Completada. MISIÓN SECUNDARIA — Encontrar un avión abandonado ✅ Completada. MISIÓN SECUNDARIA — Caminar entre dos continentes ✅ Completada. MISIÓN SECUNDARIA — Sobrevivir al viento islandés ✅ Técnicamente, sí. Y quizás eso resuma bastante bien Islandia. Fuimos buscando una luz en el cielo y acabamos encontrando prácticamente todo lo demás.

El alojamiento, cubierto de nieve, al final del camino.
El alojamiento, cubierto de nieve, al final del camino.
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